top of page

Cuando el gel se queda quieto entre los dos y el peso decide el límite

Foto del escritor: Monica Pablos
Monica Pablos
hace 3 días
2 min de lectura

El gel estaba todavía caliente cuando me subí. Lo sentí correr un segundo por la parte baja de su espalda y después pararse. No se pegó, no se enfrió, simplemente se quedó ahí, quieto, entre mi vientre y su piel. Como si el propio gel hubiera decidido que ya no quería deslizar más y que el siguiente movimiento dependía de otra cosa.

Apoyé la cadera. No fue un desliz largo, fue un peso. Él respiró más hondo. El gel no corrió hacia los costados; se quedó haciendo de colchón. Yo también me quedé. En el masaje nuru el cuerpo a cuerpo casi siempre se vende como desliz constante, pero esa tarde el ritmo se armó al revés: primero el peso, después el permiso, y solo entonces el desliz corto.

Él no dijo nada. Su mano derecha, la que tenía sobre mi muslo, no empujó ni detuvo. Solo descansó. Yo interpreté eso como límite claro: no más peso hacia abajo, no más recorrido hacia adelante. Me quedé sostenida sobre mis brazos, dejando que el gel hiciera su trabajo de no hacer nada. Se siente raro al principio, porque el cuerpo pide movimiento, pero después el silencio se vuelve cómodo.

Cuando volví a bajar la cadera un centímetro, el gel por fin se movió. Fue un desliz corto, húmedo, casi privado. Él soltó el aire. Yo también. No fue un ritmo impuesto; fue el que se armó solo entre el peso que se permite y el que no. En CDMX, en una sesión real, eso pasa más de lo que se cuenta: el gel se queda quieto y obliga a los dos a negociar con el cuerpo, no con el guion.

Seguimos así un rato. Yo subía apenas, él respiraba, el gel se reacomodaba o se quedaba. Cuando sentí que su mano se tensaba un poco, volví a levantar el peso. No hizo falta hablar. El límite estaba puesto en la piel, no en las palabras. El masaje erótico tántrico a veces se describe como fluir eterno; esa tarde fue más bien un diálogo de pausas y pesos.

Al final el gel ya no corría casi. Se había quedado en los puntos donde el cuerpo había decidido detenerse. Yo me quedé un momento más apoyada, sintiendo el calor residual, y después me deslicé hacia un lado sin forzar. Él se quedó quieto. No hubo cierre dramático, solo el reconocimiento de que el ritmo de esa sesión había sido el del gel que se negó a correr y del peso que se midió solo.

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


© 2025 NURU LAND R.918293

​

SCORTS CDMX 

MASAJE EROTICO CDMX

bottom of page